Este restaurante es un gran lugar para probar la cocina tradicional asturiana. El menú está lleno de una variedad de platos, incluyendo el famoso cachopo de cecina y cabrales, que es imprescindible. La comida se prepara frescas y se sirve en generosas porciones. La atmósfera es acogedora y tranquila, lo que la hace perfecta para una cena familiar o una velada romántica.El servicio es de primera categoría, con personal amable y atento que está dispuesto a recomendar platos y responder a cualquier pregunta. El restaurante también es accesible para sillas de ruedas, lo que lo hace una excelente opción para visitantes con problemas de movilidad.Uno de los aspectos destacados de este restaurante es su gran selección de postres. La tarta de queso es imprescindible, y el flan casero con nata también es altamente recomendado. El restaurante también ofrece un menú para niños y sillas altas, lo que lo hace una excelente opción para familias.El único inconveniente es la limitada disponibilidad de aparcamiento, lo que puede hacer que sea difícil encontrar un lugar. Sin embargo, el aparcamiento gratuito en la calle es una opción conveniente.En general, este restaurante es una excelente opción para cualquiera que busque probar la cocina tradicional asturiana en una atmósfera acogedora y acogedora.