Esta panadería ha sido un referente en Abrera desde 1969, y se refleja en la calidad de sus pasteles. Los cruasanes son imprescindibles, especialmente aquellos con rellenos creativos. El personal es siempre amable y acogedor, lo que te hace sentir como en casa. El ambiente es acogedor e invitador, con una encantadora zona de asientos al aire libre.