Este restaurante es obligatorio para cualquier amante de la comida. La ubicación en la calle Maximoren Borda es muy conveniente y fácilmente accesible. El hecho de que esté asociado con Oñaska Erretegia es un testimonio de su compromiso con la calidad. La calidad de los platos servidos es de primera, con un perfecto equilibrio de sabores y texturas. Desafortunadamente, los precios no son transparentes y pueden ser un poco elevados para algunos clientes. En general, la experiencia es muy memorable y vale la pena la visita. El personal es amable y atento, asegurándose de que cada cliente se sienta bienvenido. Sin embargo, los precios podrían comunicarse con más claridad, lo que podría ser un obstáculo para algunas personas. El menú es muy diverso y ofrece algo para todos. El ambiente es acogedor e íntimo, perfecto para una cena romántica o una noche con amigos.