Me acerqué a este restaurante de moda en la Gran Vía de Madrid, esperando una gran experiencia de brunch. Y en efecto, no me decepcionó. En el momento en que entré, fui recibido con una atmósfera cálida y acogedora que era perfecta para una mañana de domingo. El personal fue amable y atento, y aseguraron que responderían a todas mis preguntas sobre el menú.La comida era creativa y deliciosa, con una gran selección de opciones para elegir. Me opté por el huevos benedict, que estaba cocido al punto y sabía increíble. El tamaño de la porción era generoso, y me encantó la presentación del plato. El café también era de alta calidad, y aprecié el hecho de que utilizaran granos de café especializados.Una de las cosas que me impresionó de este restaurante fue su compromiso con el uso de ingredientes ecológicos y productos procedentes de la zona. Es claro que los dueños se preocupan profundamente por servir comida de alta calidad que no solo sabe bien, sino que también hace bien por el medio ambiente.Sin embargo, me di cuenta de que el restaurante puede volverse bastante ruidoso, especialmente durante las horas pico. En general, es un buen lugar para un brunch o almuerzo casual con amigos o familia. Definitivamente lo recomiendo a cualquiera que busque una experiencia gastronómica deliciosa y única en Madrid.Una cosa que debe tener en cuenta es que los precios son un poco más altos, pero creo que vale la pena considerando la calidad de la comida y la atmósfera. También, el restaurante es perro amigable, lo cual es un bonus para los dueños de mascotas.