Este lugar es un tesoro escondido. Es una combinación única de restaurante y museo, donde la pasión de los dueños se refleja en los platos y el servicio. El restaurante ofrece una atmósfera acogedora y tranquila, ideal para una cena familiar o una noche romántica. El personal es muy amable y atento, y la comida es deliciosa, especialmente los platos tradicionales gallegos como el cocido. Sin embargo, puede estar un poco frío dentro, especialmente durante los meses de invierno. El menú es bastante extenso, con una variedad de opciones para satisfacer diferentes gustos y presupuestos. El precio es razonable, con la mayoría de los platos cayendo en el rango de €20-30 por persona. Una de las atracciones principales de este lugar es el museo, que muestra una colección de mobiliario antiguo y artefactos, dando a los visitantes una visión de la rica historia y cultura de la región. En general, este restaurante es un lugar interesante para visitar para cualquiera que esté interesado en probar la cocina tradicional gallega y aprender sobre la herencia de la región.