Este lugar es una mezcla única de arte e historia, con dos búnkeres (fortines) que formaban parte de la línea defensiva de Madrid. El lugar es ahora un parque, y los visitantes pueden explorar los restos de estas estructuras, que están conectadas por un sistema de trincheras. Desafortunadamente, el estado de conservación de los búnkeres es pobre, ya que fueron destruidos después de la guerra colocando explosivos en su interior. A pesar de esto, el lugar sigue siendo digno de visitar, especialmente para los niños, que pueden disfrutar del parque y sus instalaciones. La combinación de historia, arte y naturaleza hace de este lugar una excelente opción para las familias. Sin embargo, la falta de información e historia sobre el lugar es un gran inconveniente. Los visitantes se quedan con una sensación de decepción, ya que no hay contexto ni explicación sobre la importancia de los búnkeres. La única cualidad redimible es el hecho de que es un lugar de admisión gratuita, lo que podría compensar la falta de información.